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Fernando Jáuregui

Falsa normalidad en ‘esta’ Semana Santa

Una pandemia, seguida de las imágenes que nos llegan de Ucrania y que suscitan la alarma de la Unión Europea en la que nos inscribimos, no invita precisamente a esa dorada rutina que añorábamos en 2019.Los españoles regresaremos de estas fugaces vacaciones –quien las tenga– con la sensación de que otra vez se abre ante nosotros el abismo de una nueva era: desconocemos quién regirá los destinos del país del norte, tan importante para nosotros, y desconocemos el alcance de esas tres horas de conversación, creo que no del todo explicadas, entre Sánchez y Feijóo.

Un gallego un tanto ‘macroniano’

El galo y el gallego comparten el ser el penúltimo baluarte frente al avance de una ultraderecha con la que, sin embargo, no tienen otro remedio que convivir, un afán por situarse en el centrismo integrador y una personalidad que se sitúa algo al margen de los convencionalismos familiares y sociales.Claro que hay una distancia entre el galo y el gallego.

Los niños que miran a los ojos de Putin

En fin, ya se sabe que la política es el noble arte de cultivar el ego.Lo malo es que el ejemplo cunde.Ese vídeo lamentable, por ejemplo, en el que los nuevos procuradores ‘de izquierda’ castellanoleoneses rechazan estrechar la mano del presidente de las Cortes, porque resulta que, en virtud del acuerdo suscrito para formar gobierno, pertenece al partido Vox, es otro ejemplo de lo que digo.

Un Gobierno para afrontar una guerra

No creo que eso se pueda afrontar en las actuales circunstancias: hay que hacer una política de guerra, que no guerrera.

Las ‘belarras’ y el Día de la Mujer Trabajadora

Unas filas moradas en las que sigue influyendo quien se fue de la política por su incapacidad para permanecer en ella, es decir, Pablo Iglesias.Me parece que Sánchez ha de afrontar el trago de prescindir en su Consejo de dos personas que, dentro de sus respectivos ministerios, son un lastre mucho más que un acicate.

O Feijóo o... ¡oh!

Por eso no le gustan ni Vox ni los extremismos, prefiere el diálogo a los gritos y le horroriza esa ‘política testicular’ de ‘aquí se hace esto por mis santos...’ que tanto daño nos ha producido a tantos durante tanto tiempo.Supongo que en la Junta Directiva Nacional del PP que se reúne este martes nadie alzará una sola voz contra Núñez Feijóo, que es acaso, oh Feijóo, la única esperanza que le queda al principal partido de la oposición para una pronta curación de sus varias enfermedades.

Esto de hoy no me lo pierdo

Pero ni Díaz Ayuso ni Alberto Núñez Feijoo, que parecen los ejes del futuro a corto plazo en la oposición, son diputados, lo que agrava otra carencia de la política española: casi nada de lo importante ocurre en el Parlamento, de lo que en parte tiene la culpa la presidencia ejercida por la señora Batet.Mucha gente se pregunta dónde, en qué gabinete, en cuál covacha, está la mano que mece la cuna de todo este proceso que ha barrido al PP que conocíamos y, por tanto, a la mitad de la política española.

Tesis conspiranoicas

No: aquí hay una cabeza organizadora (o desorganizadora), una cierta planificación, unos objetivos, hay unos estrategas mejores que otros.Tal y como yo lo veo, se trata de apear del caballo a Pablo Casado y aupar a Díaz Ayuso, por más que ella asegure que su aspiración se detiene en la política madrileña, y no en la nacional: ya la convencerán de que dé el paso, si ha lugar.

Un plan sobre el regreso del llamado Emérito

Todos, amigos y fuentes oficiales, mantienen un escrupuloso silencio que evidencia lo embarazoso de una situación, la del llamado Emérito, a la que parece que ni la Fiscalía ni la Agencia Tributaria son capaces de poner fin de una vez.Independientemente del resultado final de las investigaciones en marcha sobre las irregularidades fiscales de Juan Carlos I, e incluso al margen de la opinión sobre él de los españoles, reflejada en encuestas oportunas y apresuradas, lo evidente es que el padre del Rey se ha convertido en un problema político de primera magnitud; para la Monarquía y para el propio Gobierno, que es hoy, se quiera reconocer o no, el principal sostén de esa Monarquía encarnada por la figura prestigiosa de Felipe VI.Esperar, como algunos pretendían, que la opinión pública, y la publicada –hay cantidad de reportajes y series televisivas en marcha sobre la figura de Juan Carlos de Borbón–, se olviden sin más de una de las historias más apasionantes que los españoles hayan conocido en décadas, es pretensión inútil.

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